Seamos sinceros. ¿Quién sabe decir a bote pronto qué es la Alta Costura? Los más letrados dirán que es la moda de los grandes diseñadores míticos (Dior, Givenchy, Gautier, Lacroix, Chanel, Ungaro, etc.); que su precio es impagable y que parece un asunto muy francés. Todo esto es verdad, pero profundicemos en ello de mano de Pablo Pena González, Doctor en Historia del Arte y Profesor de Historia del Diseño de la Comunidad de Madrid.
En el artículo que abre el primer número de la revista Indumenta del Museo del Traje de Madrid – y que podéis bajar aquí- Pablo Pena nos desglosa qué significa eso de “alta” costura. Su primera aclaración es que “Alta” significa “cara”. Y apunta que cuando se trata de saber cuánto de alta – o sea de cara- es alguna creación “las casas de costura enmudecen avergonzadas”. Pero se nos dan algunos datos aproximativos que nos permiten saber de qué precios estamos hablando: En 1970 parece ser que para una prenda sin adornos ascendía a un mínimo de 10.000 euros y en el siglo XXI esa cifra probablemente se haya multiplicado por cuatro o por cinco. Sin embargo, también existen firmas y “altos-costureros” que rebajan sus precios para ser algo más competitivos.
Segunda aclaración: “Alta” significa “oficial”. Oficial según el Ministerio de Economía, Finanzas e Industria, por medio de la Cámara Sindical de la Alta Costura, de Francia. Primero la Cámara evalúa y certifica si se cumplen los requisitos para otorgar el marchamo Haute Couture; si es así el Ministerio lo oficializa. Sin embargo y me parece que es inmejorable el comentario de Pablo Pena aquí: ¿creen que la etiqueta de Haute Couture les interesaba a todos los grandes diseñadores? Pues no a todos, puesto que Balenciaga,a la sazón el más prestigoso de París, la rechazó. Y dice Pena: ” Pensaría don Cristóbal que el marchamo Haute Couture debía ser para quienes necesitaran reconocimiento; que a él le sobraba”. Otra aclaración, para más inri, es que “Alta” significa “parisina”. No sólo francesa sino parisina, o sea, que en sus comienzos el marchamo no se daba a ninguna casa fuera de la capital francesa.
Tercera aclaración: “Alta” significa “artística”. O sea que desde Charles Frederick Worth (1825-1895) la artesanía costurera se sublima en arte de nombre propio y con su propia manera de exhibirse. Worth será el primer diseñador que detente el papel de creador tal como lo concebimos hoy: creará y dará forma a sus ideas al margen del sistema de elaboración del traje durante el XIX (modista, figurines, ideas clientas). Y además exhibirá sus creaciones en una plataforma nueva: los salones donde desfilaban maniquíes con las prendas. De modo que la Alta Costura desde este momento irá de la mano de cierta “artisticidad” y originalidad que supondrá así mismo el nacimiento de la persecución de los plagios.
Tras las aclaraciones es importante saber que la etiqueta “Alta Costura” lleva ya, desde finales de los años sesenta, en un estado muy precario de salud. Pablo Pena nos da buena prueba de su “moribundia”. Desde los sesenta muchos célebres diseñadores, y en especial Yves Saint-Laurent que se hizo adalid del prêt-à-porter de alta gama, celebraron y participaron en la caída de la Alta Costura. Una caída que se materializó en el cierre progresivo de casas de alta costura: De 60 casas en la Edad de Oro de la Alta Costura (tras la Segunda Guerra Mundial) a 10 casas en 2007. Y en el descenso de las clientas: de 3.000 clientas en los años setenta a unas 250 o 300 mujeres hoy en día. Por otro lado, y para que sopesemos lo que está detrás del vocablo “Alta costura”, ha ido en aumento el desinterés por el marchamo de Haute Couture (aunque ya vimos el caso de Balenciaga en pleno auge). La normativa estricta y chauvinista del gobierno y Cámara sindical francesas cambió en 2001 hasta el punto que muchas casas podrían tenerlo. Y sin embargo no lo tienen.
Esto me lleva a dos cosas: 1. Incidir en que la etiqueta Alta Costura tiene un referente e historia clara y que no todas las marcas o diseñadores que nos suenan prestigiosos son de “alta costura” por lo que ante el encantamiento que provocan estas palabras deberíamos estar alerta: no es oro todo lo que reluce. 2. Que cierto desencantamiento -porque admitámoslo, el encantamiento nos gusta- nos hará más permeables a las verdaderas propuestas creativas del mundo de la confección de alta gama (Margiela, Kawakubo, Mark Jacobs,etc.). La Alta Costura como dice Pablo Pena actualmente “no hace diseño de vanguardia (no genera imitación indumentaria no hace moda) ni prototipos de elegancia, sino espectáculo vestimentario” y es así porque las Casas Haute Couture no han sabido mantener, entre otras cosas, aquel binomio del que hablábamos entre artisticidad y alta costura, muchas veces debido a cierto servilismo hacia la clientela, y otras, por empecinado historicismo. Así que en mi humilde opinión más McQueen y menos Ungaro.
Fuente: PENA GONZALEZ, Pablo. “Óbito y transfiguración de la Alta Costura” en Indumenta: Revista del Museo del Traje. Nº.1, 2008, pags. 8-21.
